La larga tradición de confort de la marca francesa.

El Tipo A fue el pionero y fue presentado en 1919 en Europa.

 

Fuente y fotos: Citroën


Desde siempre, la suspensión de un vehículo ha sido uno de los elementos determinantes para garantizar
la seguridad y comodidad a bordo.
A medida que los automóviles fueron haciéndose más veloces, el ajuste de las suspensiones se hizo más
complejo. Por esta razón, todos los avances en la historia del automóvil y de la velocidad están estrechamente
ligados a las suspensiones. Una evolución en la que Citroën ha sido protagonista desde sus inicios.

Citroën puede presumir de una amplia experiencia en materia de innovaciones que han supuesto hitos en la
evolución de las suspensiones: desde el Tipo A o el Traction Avant hasta el C4 Cactus o el SUV C5 Aircross, con
su revolucionaria Suspensión de Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos®.

Las primeras suspensiones con muelles metálicos y ballestas datan del siglo XVII, cuando las cuatro correas que
sostienen el espacio habitable de la carroza se fijan al extremo superior de otras cuatro ballestas. Así se reducen,
de un modo eficaz, las vibraciones debidas a baches y obstáculos en el camino.
Cuando aparece el automóvil a finales del XIX, se le equipará en seguida con muelles metálicos que, gracias a las
oscilaciones de las suspensiones de largo recorrido, garantizan un confort de viaje óptimo.

Sin embargo, pronto llegará un nuevo problema: cuando la velocidad del vehículo de motor supera a la de un
coche de caballos, las oscilaciones de las suspensiones de ballestas y muelles metálicos son tan grandes que hacen
peligrosa la conducción y mantener la trayectoria se convierte en algo imposible. Las suspensiones debían dar un
nuevo paso adelante y esto se logra con la introducción de los amortiguadores.

En 1919, Citroën presentó el primer automóvil de gran difusión en Europa, el Tipo A, que disponía de un nuevo
sistema de suspensiones con ballestas y cuatro muelles en forma de elipse invertida que, gracias a la coordinación
de movimientos  entre ellos, eliminaba la necesidad de disponer de amortiguadores.



Citroën equipó rápidamente sus productos con lo mejor que podía ofrecer el mercado en aquella época. Incluso en
los pequeños 5 CV, que alcanzaban, en los años 20, una velocidad de, aproximadamente 60 Km/h y que podrían
haber sido comercializados con una suspensión menos sofisticada.

El punto de inflexión llegó en 1934 con el lanzamiento del Traction Avant, dotada de una suspensión con barra de
torsión:  los muelles se sustituyeron por unas barras situadas en los bajos del vehículo que se doblaban sobre su eje
y no necesitaban el espacio que, a veces, era necesario en los sistemas de la época, con muelles de grandes
dimensiones.
Gracias a sus  suspensiones y la tracción delantera, se eliminaba el túnel de transmisión. De este modo, la Traction
Avant podía rebajar su distancia al suelo sin renunciar al espacio a bordo.

Esta misma tecnología sofisticada se utilizó en el furgón Tipo H de 1947, con la ventaja de un plano de carga bajo y
regular,  además de un gran confort a bordo.
En 1936, Pierre Jules Boulanger, al escribir el pliego de condiciones del que surgiría el 2 CV, encargaba a sus equipos
un
automóvil para zonas rurales, donde las carreteras eran simples caminos de herradura: "quiero un auto capaz
de atravesar un campo arado sin romper un huevo&quot.

El grupo que trabajaba en el proyecto TPV (que era cómo se llamaba aún el futuro 2CV) imaginó varias soluciones,
entre ellas un sofisticado sistema hidráulico, hasta llegar a un conjunto de muelles horizontales interconectados
que aseguraba  un óptimo comportamiento en carretera y un confort excepcional a bordo, que estará vigente hasta
1990,  el año en que  se puso fin a la producción de esta pequeña gran leyenda de la historia de Citroën.

Una parte de este equipo de especialistas estaban preparando una auténtica revolución, que se concretaría en 1954
con la presentación de una versión muy peculiar del Traction Avant: el 15Six H, donde la H final significaba "
Hidroneumática". Nacía la suspensión que distinguiría a la gama media y alta de Citroën hasta 2017.



El Traction Avant hidroneumático sólo montaba la nueva suspensión en el tren trasero y fue un auténtico "
banco de  pruebas" para el revolucionario DS 19 que, un año después, incorporaba la hidroneumática enlas
cuatro ruedas,  garantizando el máximo nivel de confort y comportamiento en carretera. En este tipo de unión al
suelo, los muelles metálicos  son sustituidos por esferas que las que un gas y un líquido están separados por una

membrana elástica. Al aumentar y  disminuir la cantidad de líquido en la esfera se obtiene una mayor o menor
distancia al suelo del vehículo que, en el caso del DS, podía mantenerse a nivel constante e, incluso, regularse
por medio de un mando situado al alcance de la mano de la persona que conducía.

Después del DS, a partir de 1970 la suspensión hidroneumática fue adoptada por el Citroën SM, llegó a la gama
media con el  GS para incorporarse posteriormente al CX, el BX, el XM, el Xantia, el C5 y el C6. En estos más de
60 años, esta tecnología va  evolucionando, haciéndose más rígida con el crecimiento de las prestaciones de los
vehículos a los que se iba incorporando.

Se convertiría en Hidractiva en 1988, con el concept-car Activa, llegando a calles y carreteras al año siguiente,
con la berlina  de alta gama XM. La suspensión Hidractiva unía la electrónica a la hidráulica, variando su rigidez
en cinco  centésimas de segundo, en función de una serie de parámetros.

La última evolución llegaría en 2005 con la presentación del Citroën C6 que incorporaba, en algunas versiones,
la  amortiguación  variable: un dispositivo montado en cada una de las suspensiones que modificaba su flexibilidad
durante su recorrido.
La gama ha introducido una nueva tecnología en su gama más reciente, concretamente en el C4 Cactus y el SUV
Citroën C5  Aircross: Las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos® logran un confort excepcional
con  un efecto " alfombra voladora&quot, ganando en bienestar a bordo, dinamismo y placer de conducir.

Las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos® son una innovación Citroën que se aplicará a
todos los vehículos de la gama y que es el resultado de la experiencia Citroën en materia de uniones al suelo. Desde
hace más de100 años,  el confort  de las suspensiones es parte del ADN de la marca. A lo largo de este tiempo, las
personas han apreciado el  confort Citroën, que se ha convertido en una seña de identidad.

La tecnología de las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos® nace del mundo de la competición
donde,  gracias a un mejor recorrido útil, los amortiguadores hidráulicos ofrecen una absorción más eficaz de los
choques,  en particular en el  momento del impacto en el suelo después de un salto.
Durante su fase de desarrollo, se registraron 20 patentes. Su principio de funcionamiento es sencillo: mientras que las
suspensiones  tradicionales están formadas por un brazo, un muelle y un amortiguador mecánico las Suspensiones con
Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos añaden dos topes hidráulicos en sus dos extremos: uno para la extensión y otro
para la compresión. En cierto modo, la suspensión trabaja en dos tiempos, dependiendo de las condiciones del terreno.

En caso de compresiones y extensiones leves, los resortes y los amortiguadores controlan conjuntamente los
movimientos  verticales, sin necesidad de recurrir a los topes hidráulicos. La presencia de estos topes ha permitido a
los ingenieros ofrecer  una mayor libertad de desplazamiento al vehículo, con un efecto alfombra voladora que da la
sensación de sobrevolar las  imperfecciones de la carretera.

En caso de compresiones y extensiones importantes, los topes hidráulicos de compresión o extensión se suman a los
muelles  y los  amortiguadores, ralentizando los movimientos de un modo progresivo y evitando parones bruscos. Al
contrario de los finales de  recorrido mecánicos, en los que se absorbe energía, pero se restituye una parte, los topes
hidráulicos absorben y  disipan esa energía, eliminando el efecto rebote.